Diez motivos por los que una buena traducción puede ayudar a reactivar el turismo

Una vez más, y de la forma más brusca, la ficción ha vuelto a fundirse con la realidad en una de las crisis sanitarias más graves que hemos vivido a nivel mundial. Con la nueva normalidad ya bastante asentada y en medio de una situación de pseudoestabilidad todavía desconocida, nos morimos de ganas de volver a nuestros sitios de siempre: a los bares y cafeterías, a las librerías de viejo, a los pequeños comercios y mercados y, por supuesto, a los brazos de nuestros seres queridos. Sin embargo, las consecuencias económicas de estos meses de parón empiezan a ser cada vez más visibles. Paralelamente a las ganas de salir, también surge el temor de que esos lugares ya no estén, o si están, encontrarnos con el virus lo que también suscita una enorme desconfianza.

 

En España, sin ir más lejos, existen multitud de lugares fuertemente sostenidos por el turismo nacional e internacional en una red inmensa de hoteles, restaurantes, centros comerciales y recreativos —por mencionar algunos—, y esto afecta directamente a la economía de nuestro país, ya que el turismo es uno de los pilares fundamentales de ingresos en España. Lo cierto es que el turismo es uno de los sectores que más rezagados se van a quedar en esta recuperación por motivos inherentes a la propia actividad. El temor a las aglomeraciones, el uso del transporte público y la aparente pasividad o desconocimiento de la población hacia el tema parecen ser motivos suficientes como para decidir no salir y, por ende, quedarte estático y en consecuencia no ir de vacaciones. Y ¡es totalmente comprensible! Sin embargo, es posible que muchas otras personas necesiten salir de sus bares particulares —que, aunque esos sí que hayan permanecido abiertos durante la cuarentena, bajo mínimos, todos necesitamos un poco de socialización y ambientillo que el verano trae a las terrazas ajenas—, para disfrutar de lo que parece ser una pequeña tregua ante el futuro incierto que nos espera.

 

La pregunta que surge ahora es: ¿es posible hacer vida normal en la era pospandémica? La respuesta es un rotundo sí, pero, como siempre, con prudencia y con los recursos adecuados. El turismo global tiene la difícil tarea de alentar a la gente a que viaje, y si la mitad de la población autóctona no sale, habrá que buscar otras alternativas. Dirigirse al público extranjero de la forma adecuada y correcta es una de las mejores iniciativas que existen, y eso se consigue con la ayuda de un buen traductor. Y, dado que el turismo es un sector que abarca múltiples ámbitos —desde una página web o una aplicación móvil hasta el menú de los restaurantes o la cartelería de zonas recreativas, hoteles, museos y servicios varios—, lo mejor es contar con un traductor especializado. No solo sabrá adaptarse a esa diversidad, sino que contará con el ingenio necesario para lograr el objetivo principal: reactivar el turismo a todos los niveles. Y, por lo tanto, reactivar la economía, punto muy importante a tomar en cuenta.

 

Ante el riesgo que supone salir de vacaciones, con la situación ocasionada por la pandemia, es importante que los viajeros sientan que pueden desplazarse con tranquilidad. Un traductor profesional especializado en este contexto es capaz de crear una sensación de calma que transmita a las personas la comodidad de decidir cómo y a dónde quieren viajar. Por ejemplo, puede ocurrir que un texto original se dirija al público con entusiasmo porque, oye, qué bien que podamos salir ya de vacaciones. Sin embargo, antes de lanzarse al vacío también hay que considerar que el impacto de la enfermedad no ha sido el mismo en todos los países y el texto meta no debería dar la impresión de lo contrario. Esto está vinculado con el hecho de que la gente necesita sentirse segura. Si un eslogan se pasa de atrevido y se traduce literalmente podría resultar agresivo o impositivo para el lector meta.

 

Estas dos características tan importantes no se alejan demasiado de una situación comunicativa real y se engloban dentro de la capacidad de tener empatía hacia los demás. Esto se consigue estudiando muy bien las necesidades actuales. Un traductor especializado sabe ponerse en el lugar del viajero. Esto le lleva, por ejemplo, a evitar ciertas palabras o expresiones consideradas típicas en estos entornos, y a crear textos personalizados que sepan dirigirse al público deseado. No vale el copipega de la plantilla de turno porque, en definitiva, el destinatario final son las personas.

 

Además, lo bonito y lo positivo de esto es que, detrás del texto que lee el viajero, también hay una persona que lo ha redactado —guiño, guiño; codazo, codazo— y que ha pasado por la misma situación. Como buen traductor especializado, tiene que saber generar confianza en un contexto específico. La deformación profesional que dan los años de experiencia me han ido llevando a fijarme en lo más técnico de un texto de este tipo, pero los consumidores también notan mucho cuando un cartel publicitario lo ha redactado una persona o un robot, sin la correspondiente revisión. En esto también entra conseguir credibilidad en el texto meta. Es más que probable que muchas traducciones versen sobre lugares o cosas que el traductor no ha probado o donde no ha estado, por lo que las agencias deben tener mucho cuidado con crear falsas expectativas.

 

Alejándonos un poco del factor humano, merece la pena mencionar el puntito de ingenio del asunto. La traducción turística muchas veces se solapa con la transcreación o la localización, por lo que se requiere que el traductor tenga un mínimo de creatividad y un buen colchón de vocabulario. Un traductor especializado sabe que la imaginación vuela libre y que la longitud de un texto no es proporcional a su dificultad creativa. No es raro encontrar elementos intertextuales de la cultura origen en un eslogan o en un cartel corporativo, y esto siempre se puede aprovechar para la traducción meta. Además, esta cuestión tiene más importancia de la que parece para la economía porque es una buena forma de echar una mano a los pequeños comercios con creatividad.

 

Por último, creo que es fundamental sacar a relucir que no todos hemos vivido esta crisis por igual. Muchísima gente se ha quedado sin trabajo en un abrir y cerrar de ojos, y tanto las ONG de ayuda humanitaria como los bancos de alimentos han visto acrecentada su actividad en los últimos meses. Esto concierne a la traducción porque debe ser imparcial hacia todas las partes y evitar la discriminación social siempre que el texto origen lo permita —sobre todo con personas en riesgo de exclusión social—, pero tampoco hay que dejar pasar la integración de otro tipo de colectivos sin importar la raza o el género.

 

Como experiencia nueva, la pandemia nos está enseñando que no hay certezas sobre este asunto y que el miedo a anticiparnos y a tener que dar marcha atrás sigue ahí. Sin embargo, siempre habrá algo que cada persona pueda hacer para ayudar a prevenir la enfermedad. Invertir en una buena traducción cuando se trata de turismo internacional ya no solo es cuestión de la función del texto final, sino que, en los tiempos que corren, empieza a ser un tema de seguridad ciudadana. Hacer las cosas bien nunca está de más. ¿Necesitas más motivos para contratar a un traductor profesional?

 

Desde FAST.txt podemos ofreceros servicios de traducción turística. Para más información, puedes escribir a presupuestos@fasttxt.es

 

Artículo redactado por Lucía Blázquez García perteneciente al equipo de FAST.txt

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