¿Por qué te puede afectar la mala traducción de un prospecto?

Las redes sociales y los espacios virtuales de reunión entre los traductores son testigo cada día de cómo el gremio debate sobre todo tipo de cuestiones relacionadas con la profesión: desde recomendaciones de lecturas hasta soluciones alternativas de traducción para palabras o expresiones confusas. La temática es tan cambiante como la propia realidad y, en los últimos meses, las cuestiones de ámbito farmacéutico están en boca de muchos compañeros.

Los temas relacionados con la salud suelen tener bastante demanda, ya que responden a circunstancias que afectan todos los días a muchas personas; y llevamos unos meses en los que esas circunstancias se han visto aceleradas. En poco tiempo, científicos de todo el mundo han tenido que actuar rápidamente y aunar esfuerzos para poner en marcha un proceso tan lento y riguroso como es el desarrollo de una vacuna. Una colaboración global de estas características implica necesariamente que alguien tiene que traducir todas esas comunicaciones y, además, no de cualquier manera, ya que los textos farmacéuticos contienen más de un detalle que deberías conocer. ¡Boli en mano, que empezamos!

La traducción farmacéutica es una rama a la que hay que prestar mucha atención, ya no solo por la terminología impronunciable, sino por la dificultad añadida de que —y no, no es una forma de hablar—, de ti depende la vida de muchas personas. Los textos farmacéuticos, además, tienen una estructura muy particular que también conviene conocer. Por ejemplo, en el prospecto de un medicamento, la traducción de cada apartado y subapartado debe ser clara y directa; es decir, que ayude a la persona en el caso de sufrir efectos secundarios graves o si simplemente quiere saber para qué tipo de dolencia es adecuado un medicamento que lleva tiempo sin usar. Imagínate que los apartados estuvieran llenos de florituras y de palabrería innecesaria. ¿Cuánto tiempo le costaría a esa persona encontrar lo que busca? Traducir la jerga técnica no es como para tomárselo a la ligera y hacerlo bien puede salvar vidas.

Entonces, dada la complejidad de este tipo de textos, ¿a quién debo buscar para asegurar un trabajo bien hecho? La traducción farmacéutica guarda mucha relación con la traducción médica y de patentes en cuanto a la precisión en el lenguaje y los rigurosos protocolos por los que deben pasar ese tipo de documentos. La farmacología y la medicina son dos ramas de conocimiento que se solapan, complementan y trabajan juntas en cierta medida, y los medicamentos se tienen que presentar en formato patente y pasar una serie de fases antes de llegar a comercializarse.

Los traductores con experiencia en este campo conocen estos protocolos y, por supuesto, son conscientes del grado de responsabilidad que supone el resultado a nivel de salud pública. Tampoco se puede pasar por alto el hecho de que estos textos están sometidos a una estricta confidencialidad —uno de los puntos clave del código deontológico del gremio, por cierto—, así como están también directamente relacionados con la imagen corporativa en el país en el que se van a lanzar. No olvidemos que ser un buen profesional no solo significa hacer bien un trabajo, sino también estar al día con los contratos de colaboración y con cualquier novedad en el sector farmacéutico o en otro sector en el que se vean involucrados, siempre en constante cambio. No cumplir con las buenas prácticas puede llevar, tanto al traductor como a la empresa, a caer en una situación de competencia desleal —ya sea por confusión, en el caso de una traducción incorrecta, como por engaño, en el caso de falsificaciones, omisión de información, etc.—, con los procedimientos legales consecuentes.

En Europa, el organismo encargado de regular los medicamentos y de llevar a cabo los controles de calidad apropiados es la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, en inglés); concretamente, el Comité de Medicamentos de Uso Humano. En España tenemos el organismo representante, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, que es «responsable de garantizar a la sociedad, desde la perspectiva de servicio público, la calidad, seguridad, eficacia y correcta información de los medicamentos y productos sanitarios, desde su investigación hasta su utilización, en interés de la protección y promoción de la salud de las personas, de la sanidad animal y el medio ambiente».

Los traductores especializados en medicina, farmacología y temas similares pueden acudir a estos lugares para documentarse y encontrar información fiable. Los recursos y la investigación son el mejor amigo del traductor; sin embargo, en contextos tan técnicos como estos, en los que buena parte de la terminología no forma parte del lenguaje común, diccionarios, tesauros y bases de datos ya no solo serán el amigo que los acompañe a tomar un café, sino el que les mantenga los ojos abiertos mientras trabajan cuando lo que quieren es irse a dormir.

Lo que está claro es que no hay que escatimar en invertir en traducción, especialmente cuando el nivel de especialización y de responsabilidad es tan alto que podría tener consecuencias nefastas. Mi intención al escribir esto está lejos de asustar al lector, pero sí conviene advertir del grado de dificultad que conlleva. Un trabajo mal hecho en este ámbito significa que lo que uno se ahorre en la traducción, se lo va a tener que gastar tarde o temprano en las consecuencias de que haya algún error —y, probablemente, mucho más—. La responsabilidad última será del cliente al no haber contado con un buen profesional. Pensándolo así, también es una cuestión de rentabilidad y merece la pena, ¿no?

Si quieres tener más información y saber qué más tipos de documentos relacionados con la farmacología pueden ser objeto de una traducción, puedes consultarlo aquí: https://fasttxt.es/traduccion-farmaceutica.

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Escrito por: Lucía Blázquez García.

 

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