La Banca islámica

Uno de los aspectos más destacados del mundo islámico contemporáneo es su particular concepción acerca de la banca, considerada por muchos en Occidente como una verdadera utopía. Ciertamente, puede resultar un tanto inverosímil —desde nuestra perspectiva occidental— concebir el desarrollo de una actividad financiera dejando de lado uno de sus elementos esenciales: los intereses.

Aunque la aparición de la banca islámica responde a un fenómeno relativamente reciente, sus principios fundamentales aparecen ya recogidos en el Corán; luego, desde sus orígenes, la religión islámica ha condenado el cobro y el pago de todos los intereses, pues los considera fuente de perjuicios para la convivencia social y la libertad del hombre.

En la etapa inicial de conformación de la comunidad islámica (umma), el profeta Muḥammad no podía tolerar esta amenaza, puesto que el afianzamiento y expansión de la nueva religión dependían en buena medida de la cohesión social. 

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Por tanto, el actual rechazo manifestado en el mundo islámico hacia el sistema bancario occidental (y, concretamente, hacia las especulaciones financieras) no deja de ser consecuencia de una interpretación religiosa.

En líneas generales, los principios esenciales de la banca islámica proclaman la responsabilidad, la transparencia y la moderación en las transacciones financieras, y apuestan por la búsqueda de la equidad y la justicia en la distribución de la riqueza. De todo esto se deriva una concepción de las finanzas donde el componente ético y moral ocupa un papel muy relevante.

La condena de la ‘usura’

La usura es un término moral y jurídico que se emplea para denominar el cobro de un interés excesivo en un préstamo. La palabra original utilizada en árabe es riba, referida directamente a los intereses sobre préstamos y que literalmente significa ‘exceso o adición’.

En el versículo 275 de la sura Al-Báqara, el capítulo más largo del Corán, se condena de manera explícita la práctica de la usura:

“Los que tragan el producto de la usura se levantarán el día de la resurrección como aquel a quien Satán ha mancillado con su contacto. Y esto porque dicen: La usura es lo mismo que la venta. Dios ha permitido la venta y prohibido la usura. Aquel a quien llegue esta advertencia del Señor y que ponga término a esta iniquidad, obtendrá el perdón del pasado; su suerte dependerá entonces de Dios. Los que vuelvan a la usura serán entregados al fuego donde permanecerán eternamente”.

El Islam no pretende privar al hombre de su búsqueda de bienestar económico, sino censurar aquellas actividades consideradas como destructoras de los valores morales. En este sentido, el interés está prohibido porque genera injusticias, pues acaba socavando el principio de distribución equitativa de la riqueza mediante el trabajo.

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El Islam considera que el dinero no debe generar más dinero, es decir, que no puede concebirse como una fuente legítima de acumulación de riqueza (como sí ocurre en los intercambios financieros occidentales), pues la fuente principal de la riqueza debe residir en el esfuerzo y el trabajo.

Además de la usura, la banca islámica también establece como prohibiciones en el ámbito de las finanzas la asunción de riesgos excesivos (gharar), la especulación en sentido de apuesta (maysir) y la financiación de toda actividad que se considere pecaminosa.

La gestión de la limosna

Uno de los mecanismos de los que suelen disponer los bancos islámicos son los Departamentos del Zakat. El Zakat o ‘limosna legal’ es el tercer pilar del Islam, y consiste en la satisfacción dineraria anual que los ricos deben realizar sobre los pobres.

Según la ley islámica (Sharía), corresponde al Estado la colecta y la gestión del Zakat; no obstante, esta función suele delegarse a los bancos, que, a través de una serie de departamentos específicos, son los responsables últimos de la recaudación y destino de los fondos a obras de caridad, proyectos benéficos, construcción de obras públicas, etc.

La Marca de Garantía halal en las finanzas islámicas

En el imaginario islámico, lo halal, es aquello que está permitido, mientras que el concepto ético de haram representa lo contrario (esto es, lo prohibido).

Hoy día, la Marca de Garantía halal es un instrumento utilizado en el mundo islámico que sirve para certificar que un producto reúne las características necesarias para poder ser consumido (siempre desde el punto de vista religioso-moral).  

Así pues, en el ámbito de las finanzas, la Marca de Garantía halal será una manera de garantizar que la operación que estamos llevando a cabo cumple con los requisitos establecidos por la ética de la banca islámica.

 

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La banca islámica en el panorama contemporáneo

En general, la banca islámica surge como una reacción frente a la implementación de los modelos bancarios occidentales en los países de población musulmana, ya que estos no cumplían con los fundamentos de la Sharía.

Algunos especialistas sostienen que la banca islámica tiene su origen en los años sesenta, y, concretamente, en 1963, con la creación del primer banco islámico, el “Mit Ghamr Savings Bank” en Egipto. No obstante, no fue hasta 1971 cuando se creó en Egipto la primera institución financiera libre de intereses, el “Nasser Social Bank”.

A partir de entonces, un buen número de bancos islámicos surgieron en Oriente Medio, como el “Dubai Islamic Bank” en 1975, produciéndose una considerable expansión en los años ochenta y noventa. Sin embargo, ha sido en las primeras dos décadas del siglo XXI cuando la banca islámica ha experimentado un verdadero auge a nivel global.

El árabe en el sector de las finanzas

A pesar de la cada vez más notable expansión internacional de la banca islámica, buena parte de los negocios relacionados con las finanzas islámicas tienen su origen en Oriente Medio, generados gracias a la actividad económica derivada del petróleo de los países árabes.

De hecho, los principales países de desarrollo de las finanzas islámicas siguen siendo los Estados del Golfo Pérsico. Ello motiva que el árabe se haya posicionado actualmente como una de las lenguas más importantes en el ámbito financiero, pues conseguir operar en los mercados de Dubái o Qatar es el sueño de muchas entidades financieras occidentales.

 

Carlos Sánchez Luis

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