La Biblioteca de Alejandría

La Biblioteca de Alejandría fue la institución cultural más importante del mundo antiguo. Además de ser una de las bibliotecas más prestigiosas de todos los tiempos, se convirtió en uno de los mayores centros de difusión del conocimiento de la antigüedad.

Si bien no fue la primera gran biblioteca del período antiguo, pues formaba parte de una larga tradición de bibliotecas que existía tanto en la Antigua Grecia como en Oriente Próximo, Alejandría se convirtió en el centro de acogida de los intelectuales de todo el Mediterráneo, donde se reunían las obras científicas y literarias más importantes del mundo conocido.  

La ciudad de Alejandría

A comienzos del siglo III a. C., Egipto era, con creces, el país más rico de los diferentes Estados en los que había sido dividido el Imperio de Alejandro Magno. Los reyes egipcios gozaban de una enorme opulencia gracias a la abundancia de productos agrícolas que recibían de las tierras del Nilo y que exportaban a través del Mediterráneo. La corte residía en Alejandría, desde donde una élite griega gobernaba a una mayoría de población egipcia.

La ciudad de Alejandría, fundada por Alejandro Magno en el año 331 a. C., se convirtió en la nueva capital del mundo heleno. Con el tiempo, llegó a ser la ciudad más poblada de la antigüedad, solo superada por Roma. Fue una ciudad cuya grandeza y fama respondían a tres motivos principales: en primer lugar, porque llegó a albergar el complejo portuario más importante de la época; en segundo lugar, fue la capital de un reino rico y próspero; y, finalmente, fue el centro intelectual del mundo griego, debido principalmente a su Museo y su Biblioteca.

 

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La Bibliotheca Alexandrina (Βιβλιοθήκη τῆς Ἀλεξάνδρειας)

Fue el sucesor de Alejandro Magno en Egipto, el rey Ptolomeo, quien decidió fundar en el año 295 a. C. la conocida como Bibliotheca Alexandrina, y parece ser que tenía el objetivo de enriquecer este espacio con los escritos dignos de interés de todas las naciones.

Se sabe que la biblioteca se construyó en el Brucheion, el complejo palaciego de la ciudad. El lugar escogido para su construcción estaba junto al Museion —en griego antiguo: Μουσεῖον: “templo de las musas”—, la institución de la que dependería la biblioteca.

Parece relativamente claro que el Liceo de Atenas, sede de la escuela peripatética, ejerció una gran influencia en la organización de la biblioteca.

Fuentes antiguas describen la Biblioteca de Alejandría con columnas griegas, paseos, una estancia colectiva para comer, salas de reuniones, jardines y aulas,​ un modelo que la aproximaría a un campus universitario moderno. Una de las dependencias del complejo contenía estanterías o depósitos —en griego antiguo: θήκη— para los fondos de rollos de papiro —en griego antiguo: βιβλίον—, que es lo que se conocía como la biblioteca propiamente dicha —en griego antiguo: βιβλιοθῆκαι—.

Adquisición de libros

Para poder reunir un fondo bibliográfico tan inmenso, los Ptolomeos iniciaron una política agresiva de adquisición de libros. Así pues, unas veces los mandaban requisar de los barcos que llegaban al puerto de Alejandría, y otras veces les pedían los libros prestados a sus propietarios, con la excusa de copiarlos y después devolvérselos; sin embargo, cuando terminaba la labor de copia, les devolvían a dichos propietarios las copias realizadas en lugar de los originales, que quedaban en la biblioteca. En otras ocasiones optaban por comprar libros en lugar de requisarlos, y también hubo casos de donaciones particulares.

Pero esta no fue la única manera de adquirir los libros. Los reyes Ptolomeos enviaron al exterior a agentes comerciales con las bolsas llenas de oro para comprar libros y poder incluirlos en el fondo bibliotecario. Muchos de estos libros los adquirieron por todo el Mediterráneo en ciudades como Atenas y Rodas, que también contaban con importantes bibliotecas.

Por otro lado, además de los recursos que poseía la biblioteca misma, hay que añadir la cantidad de sabios y eruditos de toda Grecia que fueron invitados por el rey Ptolomeo, y después por su hijo Ptolomeo II (filósofos, escritores, historiadores, matemáticos, astrónomos, médicos…), para que acudieran a Alejandría y se integraran en el Museion.

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Fuentes

No disponemos de demasiadas fuentes acerca de la Biblioteca y su historia; de hecho, son pocas y tardías las noticias que hay sobre la misma. Uno de los testimonios más antiguos conservados sobre la fundación de la Biblioteca es la conocida como Carta de Aristeas, una obra helenística del siglo III a. C incluida en los libros apócrifos. La obra describe la traducción al griego de la ley hebrea por parte de setenta y dos traductores enviados a Egipto desde Jerusalén a petición del bibliotecario de Alejandría, Demetrio Falero.

El resto de fuentes son mucho más tardías, y entre ellas destacan la de los historiadores romanos Tito Livio (siglo I a. C.) y Plutarco (siglo I d. C.), o la del médico romano Galeno (siglo II d. C.).

Desde una perspectiva arqueológica, se han buscado sin éxito los restos de la Biblioteca. No disponemos de descripciones sobre el edificio que la albergaba ni sobre las instalaciones de la misma. Es muy probable que la falta de noticias sobre dichas instalaciones se deba a que no existirían tal y como se conciben hoy en día. No había una sala de lectura al uso, pues la tradición de usar una mesa para la lectura proviene de la Edad Media, cuando se dejó de utilizar el rollo para adoptar el códice. Asimismo, los griegos solían leer en voz alta, y esa actividad la llevaban a cabo en el jardín o en la sala de reuniones.

Por otra parte, los rollos de papiro no se almacenaban en lugares similares a los de hoy, pues solían guardarse en jarros, arcones, cestos o en nichos y estanterías.

 

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Declive y destrucción de la Biblioteca

Es complicado precisar el momento exacto en el que se produjo la destrucción de la Biblioteca, pues este acontecimiento está envuelto en múltiples mitos y leyendas. Probablemente no hubo un momento exacto de desaparición de la biblioteca, sino que su decadencia respondió a un proceso progresivo de degradación y abandono.

La expulsión de los eruditos alejandrinos por parte de Ptolomeo VIII fue parte de un proceso más amplio de persecución de la élite alejandrina, lo que ocasionó una diáspora de eruditos helenísticos, entre los que se encontraban personajes como Aristarco de Samotracia o Apolodoro de Atenas.

Así, a mediados del siglo II a. C., el reino ptolemaico de Egipto se vio sacudido por la inestabilidad, por lo que los soberanos no dedicaron la misma atención al Museion que la que habían prestado sus antecesores.

Con todo, parece que la primera destrucción se produjo en el año 48 a. C., durante la guerra civil entre el último rey de la dinastía, Ptolomeo XIII, y Cleopatra. Julio César, que apoyaba a esta última, mandó quemar los barcos que lo asediaban por el mar, y, según Plutarco, el incendio se extendió por el puerto hasta la Biblioteca. No obstante, aquello debió ser una destrucción parcial.

Tras la muerte de Cleopatra y la ocupación romana de Egipto, el proceso de decadencia de la Biblioteca se agudizó, prolongándose hasta el siglo IV d. C. No obstante, no se sabe con exactitud la fecha de su destrucción o abandono.

 

Lo que está claro es que, durante el período de mayor actividad de la Biblioteca de Alejandría, la cultura intelectual de la época alcanzó unas cotas muy elevadas. Fue, ante todo, un foco de propagación de la cultura clásica, que es la base sobre la que se asienta nuestra moderna civilización.

 

Carlos Sánchez Luis

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