Origen e historia del alfabeto latino

El alfabeto latino, llamado también abecedario (del latín, Abecedarium Latinum) es el sistema de escritura alfabético más usado en todo el mundo, pues forma parte de la ortografía de la mayoría de los idiomas de Europa occidental, América, África subsahariana y las islas del Pacífico.  

Hoy día, la expresión de ‘alfabeto latino’ se utiliza para cualquier derivación directa del alfabeto usado por los romanos. Por tanto, el abecedario latino moderno tiene como base las letras del romano, además de las grafías J, U, W y las minúsculas de cada letra (conviene recordar que en la Antigüedad solo se escribía con letras mayúsculas):

A, B, C, D, E, F, G, H, I, J, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, U, V, W, X, Y, Z

A estas grafías habría que añadir las variantes propias de cada idioma (como la Ñ en castellano o la Ç en catalán).

Sin embargo, lo cierto es que los romanos no inventaron el alfabeto, sino que se limitaron a adoptar sistemas de escrituras ya existentes y adaptarlos a sus necesidades.

El alfabeto fenicio y el alfabeto grecolatino

El alfabeto latino es un derivado indirecto, a través del etrusco, de uno de los tipos de alfabeto griego; y, a su vez, los griegos adoptaron el alfabeto de los fenicios, que es a quienes se atribuye realmente la expansión de la escritura alfabética.

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De entre los Estados cananeos, Fenicia fue el primero en hacer un amplio uso del alfabeto, pues, debido a su intensa actividad comercial por el Mediterráneo, los fenicios se vieron necesitados de crear un sistema de escritura más simplificado en el que pudieran registrar con cierta facilidad la información relativa a sus transacciones.

El griego, por su parte, ya se había escrito durante la época micénica en lo que se conoce como ‘lineal B’, pero no se trataba de un alfabeto como tal, sino de un silabario.

Estas son las letras mayúsculas del alfabeto griego clásico:

A, B, Γ, Δ, E, Z, H, Θ, I, K, Λ, M, N, Ξ, O, Π, Ρ, Σ, Τ, Y, Φ, X, Ψ, Ω

Con todo, el alfabeto griego presentó numerosas variantes, debido en buena parte a la disgregación territorial de los helenos, y los primeros alfabetos aparecieron en la Magna Grecia, es decir, al sur de Italia.

El alfabeto en Italia: el alfabeto etrusco

La escritura alfabética penetró en Italia a través de la Magna Grecia, y fueron los etruscos los primeros en adoptarla. La Tablilla de Marsiliana, pieza de marfil para escribir que data de mediados del siglo VII a. C., es el ejemplo más conocido del abecedario etrusco:

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Los romanos adoptaron el alfabeto de los etruscos, por lo que el primer alfabeto romano se vio muy influenciado por las particularidades del etrusco:

  • La grafía X representaba una doble consonante [ks].
  • El etrusco, a diferencia del latín, no distinguía las oclusivas sordas /p, t, k/ de las sonoras /b, d, g/, por lo que las letras B, D, G se abandonaron inicialmente.
  • La digamma (Ϝ), heredada del griego, representaba el sonido [w].
  • El sonido [k] se podía indicar con tres grafías distintas: C, K, Q. En el origen de la escritura latina, se usaba C + E/I; K + A; Q + O/U. En latín arcaico todavía se escribía virco en lugar de virgo (muchacha).
  • El alfabeto terminaba en la letra X.
  • Se escribía de derecha a izquierda.

 

Evolución del alfabeto latino

A partir de la adopción romana del alfabeto etrusco, se fueron produciendo una serie de cambios en el sistema de escritura hasta llegar a lo que conocemos como alfabeto latino.

Cambios iniciales: (siglo V a. C.)

  • Los romanos recuperaron la B y la D del alfabeto griego, pues el latín, a diferencia del etrusco, sí distingue las oclusivas sordas de las sonoras.
  • Respecto al sonido [f], los etruscos ya utilizaban la Ϝ para el sonido [w], por lo que se optó por utilizar una doble grafía para el primer sonido: FH. Con el tiempo, el segundo elemento desapareció y la digamma sola (Ϝ) pasó a representar al sonido [f].

 

Cambio 2: eliminación de la Z (siglos VI-III a. C.)

  • Ni el latín ni el etrusco tenían un sonido [dz] ni [ts], que era lo que representa la Z en griego. Por tanto, en un principio, la Z se utilizaba en latín para representar el sonido de una /s/ sonora: [z].
  • Sin embargo, al no ser útil en latín la distinción entre /s/ sonora y /s/ sorda, la grafía S acabó usándose para las dos.

 

Cambio 3: abandono de K y Q y creación de G (siglo III a. C)

  • Usar tres símbolos gráficos, C, K, Q, para un único sonido [k] era del todo improductivo, por lo que la C se acabó imponiendo, grosso modo, a todos los contextos.
  • La letra K se reservó para unas pocas palabras (kalendas) y la Q solo ante U (loquor).
  • Faltaba, por tanto, un símbolo para el sonido específico [g], es decir, de la oclusiva velar sonora. Así, a mediados del siglo III a. C., se añadió un pequeño trazo a la C para distinguir la grafía de la velar sorda (C) de la sonora (G).

 

Cambio 4: introducción de Y, reintroducción de Z (siglo I a. C.)

  • Debido a la influencia helenística y el deseo de transcripción de términos griegos, se planteó la necesidad de introducir nuevas grafías en el alfabeto.
  • Así, la Y se introdujo para representar el sonido de la ípsilon griega [y] (la ü alemana), mientras que la Z se recuperó para el sonido de la zeta griega [dz].

 

Cambio 5: representación de las aspiradas griegas (siglo I a. C.)

  • Durante la época republicana en Roma, las letras griegas Φ, ϴ, Χ, que representaban los sonidos de las sordas aspiradas [fh, th, kh], respectivamente, se representaban en latín con las letras P, T, C, al no disponer la lengua latina de fonemas sordos aspirados.
  • Sin embargo, a partir del siglo I a. C, por influjo del helenismo, se añadió una H a las letras P, T, C para notar que provenían de sordas aspiradas griegas, como en el caso de las palabras philologia, theologia y
  • La pronunciación y notación de estas consonantes aspiradas solo se asentó en el lenguaje culto.

 

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Adiciones medievales y modernas

Solo tres letras fueron añadidas al alfabeto latino en una época posterior a la romana: W, J y V.

La forma primitiva de W fue una VV (doble V) usada en el siglo VII por los primeros amanuenses anglosajones para representar el sonido de la semiconsonante germánica [w], pues no tenía correspondencia en las lenguas románicas.

Respecto a la distinción de I/J y U/V, el latín usaba la I y la U tanto para vocales [i, u] como para semiconsonantes [j, w]. Por tanto, la aparición de la grafía J y la distinción entre U y V responde a una creación medieval y, fundamentalmente, humanística.

Así pues, una vez añadidas estas tres grafías, queda completo el alfabeto latino tal y como lo conocemos hoy en día (sin contar a la Ñ, pero eso da para otra historia).

 

Carlos Sánchez Luis

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