El estudio de la terminología como disciplina académica

Como profesionales de la traducción, estamos acostumbrados a tratar cuestiones relacionadas con la terminología. Por tanto, si se pregunta a cualquiera qué entiende por ‘terminología’, la mayoría responderá que es la materia que se encarga de reunir los términos especializados de las ciencias y las técnicas, siendo el glosario la representación más paradigmática del estudio terminológico. Sin embargo, la idea de ‘terminología’ implica algo más que una mera recopilación de términos.

En los últimos decenios, la terminología ha sido objeto de reflexión desde la perspectiva de sus principios, bases y métodos, logrando alcanzar el estatus de disciplina científica. En este sentido, la terminología puede referir tres significados diferentes: en primer lugar, la disciplina que se ocupa del estudio de las unidades terminológicas; en segundo lugar, el conjunto de prácticas, directrices o principios que rigen la recopilación de términos; y, finalmente, la totalidad de términos que abarca una materia especializada.

 

Los términos: una necesidad ancestral y universal

Desde los comienzos de la humanidad, las personas hemos sentido la necesidad de comunicarnos y de transmitir el conocimiento de unos a otros, y es en este proceso de transmisión de ideas donde surgen lo que llamamos unidades terminológicas.

Las unidades terminológicas son un tipo de unidades léxicas que adquieren un significado especializado en contextos comunicativos académicos y profesionales. Es por ello que las unidades terminológicas son elementos característicos del lenguaje científico y técnico.

Así pues, desde los orígenes de la especialización, en todas las lenguas del mundo empezaron a usarse palabras con un valor específico; y, a medida que las sociedades se hacían más complejas, la necesidad de emplear palabras con significados específicos se multiplicaba. A este respecto, algunos ámbitos donde se manifiesta de manera prematura esta necesidad de emplear un tipo de vocabulario específico, serían, por ejemplo, la agricultura, la artesanía o la guerra.

Con todo, es importante tener en cuenta que las diferencias terminológicas que podemos apreciar en las diferentes lenguas no se encuentran en la estructura de las lenguas mismas, sino en las condiciones sociales y pragmáticas en las que estas se configuran. Dicho de otra manera: los hablantes de cada una de las lenguas no presentan las mismas necesidades terminológicas.

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Los orígenes de la terminología

La terminología, en tanto disciplina cuya finalidad es el estudio y la recopilación de términos especializados, no es una materia reciente, ya que la elaboración de vocabularios y glosarios terminológicos data de tiempos bastante remotos.

Desde una perspectiva occidental, el griego fue el idioma utilizado por la ciencia durante toda la Antigüedad clásica, mientras que el latín alcanzó una mayor relevancia durante el Medievo y, sobre todo, en el Renacimiento. Sin embargo, no será hasta el siglo XVIII cuando los intelectuales empiecen a concebir la terminología como una necesidad sistémica, y no tanto como algo puntual. Así pues, es destacable la edición de las primeras enciclopedias y de numerosos diccionarios en este período, como muestra de la firme voluntad de los intelectuales de categorizar el conocimiento especializado.

Durante el siglo XIX, con el desarrollo de la ciencia y la técnica, se plantea la necesidad no solo de denominar los nuevos conceptos, sino sobre todo de normalizar y fijar las nuevas denominaciones que permitan la comunicación entre especialistas de forma precisa y clara. Asimismo, es importante tener en cuenta que el siglo XIX es testigo del nacimiento de la lingüística como disciplina científica, que sentará las bases para un posterior desarrollo de la terminología como materia autónoma.

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La terminología como disciplina académica

Ya en el siglo XX, la terminología se presenta como una necesidad crucial para el desarrollo de muchas actividades. Además, gracias al lingüista austriaco Eugen Wüster, (considerado como el padre de la ciencia terminológica moderna), la terminología alcanzará el rango de disciplina académica, que algunos han considerado como una nueva disciplina científica diferenciada.

Los principios generales de la Teoría general de la terminología de Eugen Wüster son los siguientes:

  • El punto de partida de la terminología es el propio concepto.
  • Detrás de un trabajo terminológico subyace una delimitación exacta de un único sistema de conceptos.
  • La necesidad de que la definición terminológica refleje la ubicación del concepto en el propio sistema conceptual.
  • La univocidad del término: cada término debe ser asignado a una denominación y cada denominación a un solo concepto.
  • El enfoque sincrónico de la terminología.

Es importante tener en cuenta que, durante la primera mitad del siglo XX, los lingüistas no mostraron demasiado interés por la terminología. De hecho, es a finales de los años 60 cuando se produce un cambio fundamental en los estudios lingüísticos, con el paso del paradigma formal al paradigma funcional, es decir, la concepción del lenguaje como herramienta de comunicación. En este contexto, la terminología se sitúa en el centro de interés, pues se convierte en el elemento fundamental en la comunicación especializada.

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La terminología como materia interdisciplinar y transdisciplinar

Actualmente, existen tres posturas diferentes ante la consideración de la terminología como disciplina científica.

Una primera postura sostiene que la terminología debe concebirse como una disciplina autónoma y autosuficiente, pues cuenta con sus propios fundamentos, si bien es cierto que ha estado históricamente conectada a otras disciplinas, como un elemento complementario.

Una segunda postura defiende que la terminología no puede concebirse como una disciplina autónoma, sino como parte integrante de otra disciplina (que, para algunos es la lingüística, para otros la filosofía, y para otros las especialidades científico técnicas en general). Los que abogan por esta propuesta, afirman que la terminología no cuenta con autonomía alguna, sino que es una prolongación más de otra disciplina.

Una tercera postura declara que la terminología destaca precisamente por ser una materia de carácter interdisciplinar, que ha configurado su propia idiosincrasia seleccionando elementos de las áreas de conocimiento de las que es deudora y configurando así su propio ámbito científico.

En relación con esto último, existe cierto consenso en torno a la idea de que la terminología se presenta como una disciplina que, si bien puede presentar unos fundamentos teóricos y un objeto de estudio concreto, se define en relación otras materias, de las que toma prestados un conjunto específico de conceptos. Es, por tanto, una interdisciplina.

Asimismo, la terminología se concibe como una materia transdisciplinar, pues participa de todas la materias especializadas, ya que estas recurren a la terminología para dar forma a sus conocimientos. Es decir: sin terminología, no hay conocimiento especializado.

 

Carlos Sánchez Luis

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