En el marco del trabajo del traductor técnico, la traducción y redacción de manuales de instrucciones se erige como una de las actividades más demandadas por parte de las empresas.
Un manual es, en esencia, una herramienta fundamental para la comunicación de un determinado procedimiento, por lo que es crucial que la información se transmita de la manera más clara y concisa posible. El manual contiene, de forma ordenada y sistemática, la información y/o las instrucciones necesarias para el funcionamiento de una máquina o el desempeño de una determinada labor; y, en este sentido, la correcta estructuración de los contenidos resulta vital para que el mensaje llegue de manera adecuada al púbico receptor, que puede ser experto o no en la materia en cuestión. Luego, en función del público al que vaya dirigido el manual (atendiendo a su nivel de conocimientos sobre la materia a tratar), la información también deberá presentarse de una manera u otra.
Asimismo, los manuales pueden versar sobre temáticas de muy diversa índole, desde maquinaria pesada hasta sofisticados aparatos electrónicos, por lo que el conocimiento de la materia en cuestión también resulta de vital importancia. Es, por tanto, labor del creador de contenidos especializado en la redacción de manuales, adaptar la información de manera óptima en base a todas estas cuestiones.
Elementos clave en la composición de un manual de instrucciones
En primer lugar, un manual de instrucciones de un producto debe cumplir con las políticas y normativa que rigen en el mercado de destino, y estas, a menudo, suelen resultar un tanto complejas, pues cada país se rige por una legislación diferente.
Generalmente, la mayoría de las empresas trabajan con un experto externo para asegurarse de que sus manuales cumplen con la normativa. No obstante, conviene que el profesional especialista en la redacción de manuales esté igualmente familiarizado con todo lo relativo a la reglamentación, pues ello agilizará considerablemente su trabajo.
En segundo lugar, como ya hemos podido adelantar, en la elaboración de un manual de instrucciones es muy importante ceñirse a una estructura predefinida, en la que suelen incluirse detalles como una breve descripción del producto, materiales, especificaciones técnicas, instrucciones de seguridad y mantenimiento, consejos para la solución de problemas, vías de atención al cliente, etc. En este sentido, la redacción de un manual de instrucciones requiere de una labor de planificación previa, y es importante presentar las secciones claves que vamos a desarrollar a través de la elaboración de un índice.
Los manuales en el marco de la redacción técnica
A la hora de escribir un manual de instrucciones, debemos tomar como referencia principal las características estilísticas de la redacción técnica, en tanto en cuanto los manuales no dejan de ser una tipología textual de carácter técnico.
La comunicación técnica tiene como principal objetivo transferir información de la manera más rápida, clara y concisa posible a través de un código común entre las partes emisora y receptora. No obstante, esta relación no es totalmente simétrica, pues, en general, la parte que desea comunicar algo juega el papel de ‘servidor’, mientras que el receptor desempeña el rol de ‘cliente’.
En este sentido, podemos distinguir cinco niveles distintos en función del grado de conocimiento del lector-cliente (de menor a mayor grado de conocimiento del lector-cliente): operador no técnico, técnico, técnico avanzado, ingeniero e ingeniero avanzado o científico.
Luego, el tema a tratar se abordará de manera diferente en función del grupo al que se dirija el texto. No obstante, a veces el factor del público meta puede resultar más complejo de lo que parece. Pensemos, por ejemplo, en la redacción de un manual de un automóvil. A priori, el lector al que va dirigido el manual son los futuros conductores, que estarán interesados en conocer tan solo lo mínimo imprescindible para poner en marcha el vehículo. De hecho, la mayoría de los compradores, directamente, no leerá el manual de instrucciones.
Sin embargo, el manual ha de contener información muy detallada sobre el desempeño de la unidad, indicando incluso cómo realizar pequeñas inspecciones o reparaciones. Por tanto, pese a que el manual vaya dirigido a un público no especialista, ha de recoger los detalles técnicos fundamentales del producto en cuestión, pues es esto precisamente lo que le confiere al manual una entidad propia. Por tanto, es el grado de profundidad con el que se aborden estos detalles técnicos lo que nos dará información sobre si un manual va dirigido a operador no técnico, a un técnico o a un ingeniero, pero el manual, en sí, es un documento altamente especializado cuyo contenido tiende a rebasar el conocimiento común.
Rasgos estilísticos de los manuales
Habida cuenta de lo anterior, existen una serie de características básicas que suelen aplicarse a la redacción de los manuales en general, siempre considerando que se trata de una tipología textual de carácter técnico.
Si nuestro objetivo es trasferir ideas de manera clara, conviene eliminar la verborragia, esto es, las florituras o la abundancia de palabras que no agregan nada al mensaje. Aunque esto es algo que puede parecer evidente, no son pocos los redactores de contenido técnico que consideran que, al agregar más palabras al texto, contribuyen a incrementar su valor, cuando es más bien al contrario. Si se puede expresar de forma corta y simple, ¿por qué no hacerlo?
Otro de los rasgos característicos de la redacción técnica, y, por ende, de los manuales de instrucciones, es la pretensión de objetividad. Por tanto, deben evitarse todas aquellas expresiones que puedan hacer entrever la opinión del lector o que generen cualquier tipo de ambigüedad; es lo que se conoce como ‘expresiones débiles’. Una de ellas es “etcétera”. ¿Qué fin se persigue al enumerar una serie de elementos y al final poner “etc.”? Esta partícula no agrega información útil alguna, sino que, más bien, arroja dudas al lector sobre qué puede estar escondiendo dicha palabra.
Otro ejemplo de escritura ambigua sería una afirmación de este tipo: “el sistema de control de freno del automóvil demuestra que este falla a una velocidad elevada. ¿Cuál es la parte que falla, el ensayo de control, el freno o el automóvil en sí? En general, el uso del pronombre es evitar la repetición frecuente de palabras y dotar de mayor cohesión al texto; sin embargo, en la escritura técnica, lo que se prioriza es la claridad en la transmisión de ideas, por lo que es preferible ser reiterativo antes que ambiguo.
De igual modo, conviene evitar la doble negación (lo que en retórica se llama ‘atenuación’ o ‘lítote’), con sentencias del tipo tipo “no son pocos los inversores fotovoltaicos que se pueden conectar en el sistema de cadenas” (cuando lo que se quiere decir es que, efectivamente, son “muchos”). Si bien las dobles negaciones se suelen utilizar para enfatizar el mensaje, en textos de este tipo lo que se logra es confundir al lector.
En aras de lograr esta claridad en la transmisión de la información, conviene definir todos los términos que aparecen en el texto, especialmente aquellos que pertenecen a una jerga especializada. Una idea que funciona bastante bien en los manuales técnicos es añadir una tabla de términos al comienzo del texto, de tal modo que el lector pueda acudir a ella cuando estime oportuno, evitando así interrumpir constantemente el contenido con aclaraciones definitorias.
Por otra parte, es estilísticamente pertinente redactar los manuales técnicos en tercera persona, empleando frases cortas y sencillas (sin demasiados niveles de subordinación) y utilizando un lenguaje activo (es decir, evitando el uso de construcciones pasivas en la medida de lo posible).
Como hemos podido ver, los manuales de instrucciones presentan una serie de particularidades muy concretas que hacen que su redacción se vuelva una labor rigurosa y compleja. Por tanto, es conveniente que este tipo de trabajos sean asumidos por auténticos profesionales formados en el campo de la redacción técnica. En FAST.txt, contamos con un equipo de profesionales formado específicamente en la creación de contenido y que cuenta con una amplia experiencia en la redacción de manuales. Así que, si estás pensando en redactar un manual de instrucciones y no sabes a quién acudir, no dudes ponerte en nuestras manos: confía en FAST.txt.
Carlos Sánchez Luis