Antes de abordar el estudio del idiolecto desde la perspectiva de la traducción, es preciso atender a la idea de la variación lingüística, que puede definirse como “el uso de la lengua condicionado por factores de tipo geográfico, sociocultural, contextual o histórico”.
La manera en la que los hablantes emplean la lengua no es uniforme, sino que varía según sus características personales, el tiempo y el tipo de comunicación en que están implicados. En función del factor que determina el distinto empleo de una misma lengua, se consideran varios tipos de variaciones: la variación funcional o diafásica, la variación sociocultural o diastrática, la variación geográfica o diatópica y la variación histórica o diacrónica.
Al contrario de o que ocurre con otras formas de variación lingüística como el geolecto (variedad diatópica) o el sociolecto (variedad diastrática), que tradicionalmente han sido objeto de análisis en lingüística y traducción, el idiolecto ha recibido escasa atención debido a su esencia individual y asistemática.
El concepto de ‘idiolecto’ y su problemática
En líneas generales, podemos concebir el idiolecto como “el conjunto de los usos de una lengua característicos de un individuo concreto”. Al esbozar la definición de este concepto, destaca la idea de la ‘individualidad’, entendida como un elemento caracterizador de la propia identidad. Por otra parte, un segundo elemento a tener en cuenta en las consideraciones acerca del idiolecto se centra en la caracterización de los rasgos idiolectales como hábitos lingüísticos del individuo, en tanto usuario de una lengua.
Concretando un poco más en qué rasgos o elementos podemos identificar el nivel de uso de la lengua al que nos estamos refiriendo, en la mayoría de los casos se ha intentado caracterizar el idiolecto desde un punto de vista lingüístico, distinguiendo varios niveles de análisis. En el ámbito fonético-fonológico, se han descrito, por un lado, los rasgos que constituyen la dinámica de la voz, y, por otro, se ha acuñado el término ‘idiófono’ para aquellos sonidos que son identificables en el habla de una determinada persona. Desde un punto de vista morfosintáctico, se habla habitualmente de cuestiones como las construcciones empleadas con mayor frecuencia por el usuario, la estructura del texto (en términos de hipotaxis, parataxis, coordinación y subordinación…), la manera en la que distribuye la información, la frecuencia en el uso de formas nominales y verbales, etc. Finalmente, en el nivel léxico-semántico, se tiende a señalar el uso recurrente de determinadas unidades por parte del hablante.
En suma, la noción de idiolecto implica que existen variaciones no sólo de una región a otra o de una clase social a otra, sino también de una persona a otra. Esta individualidad inherente al concepto de idiolecto ha hecho que reciba menos atención por parte de la investigación, pues se ha considerado que, al tratarse de elementos concretos, resultan irrelevantes en su aportación al sistema que la teoría lingüística se plantea como objetivo.
Idiolecto vs. estilo
Si tomamos como punto de partida la definición de idiolecto que hemos aportado, cabría la posibilidad de identificarlo con la noción de estilo, es decir, el estilo individual que adopta el hablante en una situación comunicativa concreta. No obstante, existen algunos matices que marcan la diferencia entre ambos conceptos.
Por un lado, el estilo individual se concibe como una impronta de la competencia lingüística del hablante; es fruto de un acto voluntario y reflexivo y consiste en la elección deliberada por parte de este de determinados recursos lingüísticos para configurar una forma de expresión que le es propia. En cambio, el idiolecto es fruto de una elección irreflexiva; las asociaciones o elecciones del hablante son inconscientes, o lo son solo parcialmente, por lo que podrían considerarse como automatismos o hábitos verbales.
Así, mientras el autor tiene la facultad de modificar su estilo en el curso de su existencia, no ocurre lo mismo en el caso de los idiolectos, cuya elección inconsciente está de algún modo determinada por su entorno (es decir, por factores externos).
El idiolecto en el proceso de traducción
A partir de la concepción de idiolecto como “variedad de la lengua ligada a la identidad personal del emisor y cuya elección es fruto de un acto inconsciente”, muchos autores han considerado que se trata de un elemento que no es necesario tener en cuenta en el proceso la traducción, en tanto en cuanto no tiene por qué ser un rasgo relevante de la situación comunicativa.
Sin embargo, la labor del traductor en este sentido reside precisamente en su capacidad para saber discernir la elección deliberada de la habitual, es decir, el estilo del idiolecto.
Una vez lograda esta distinción estilística, el traductor estaría obligado a respetar el idiolecto del autor únicamente en aquellos textos marcadamente idiolectales, es decir, donde la presencia constante de estos nos puede aportar algún tipo de información relevante, como a la hora de caracterizar a un determinado personaje. Esto se hace especialmente visible en las traducciones literarias y audiovisuales.
En este sentido, existen cuatro métodos posibles para la traducción de estructuras que forman parte de un idiolecto:
- La traducción literal (poco recomendable, dado que implica una correspondencia de estructuras entre las dos lenguas que raramente se da en la realidad).
- La traducción por equivalencia, que consiste en recurrir a una estructura lexicalizada en la lengua meta que tenga diferente forma pero el mismo significado (aunque ello puede implicar la desaparición del propio matiz idiolectal).
- La traducción por modificación, consistente en la paráfrasis del original.
- La omisión, de la que tiende a abusarse deliberadamente en lo que respecta a la traducción de idiolectos.
¿El idiolecto del traductor?
Hemos hablado hasta ahora de cómo debe actuar el traductor ante los posibles rasgos idiolectales que aprecie en el texto que está traduciendo. Pero, ¿qué hay entonces de los idiolectos del propio traductor?
El traductor, en tanto persona humana, también puede manifestar ciertas variedades lingüísticas vinculadas a su propia identidad, y en ningún caso podrá prescindir de ellas, pues su plasmación en la traducción se efectúa de manera inconsciente.
Por tanto, según este argumento, no hay posibilidad de que los rasgos idiolectales del traductor dejen de manifestarse, pues su ausencia implicaría la pérdida de la identidad lingüística del traductor. Por el contrario, el estilo individual del traductor es lo que no debería evidenciarse, en tanto que su rol enunciativo no es el de autor del texto (autor original), sino el de ‘re-enunciador’ del mismo.
Carlos Sánchez Luis