Del respeto al coloquialismo: la evolución del lenguaje formal en el español

El lenguaje no es estático: cambia, se transforma y evoluciona al ritmo de las sociedades que lo emplean. En el caso del español, una de las transformaciones más notables ha sido la progresiva transición de ciertas fórmulas formales y reverenciales hacia usos más coloquiales y cotidianos. Este fenómeno, que podría describirse como una “democratización” del lenguaje, ha dejado huellas en el modo en que nos dirigimos a los demás, tanto en contextos informales como en los más estructurados. 

En este pequeño espacio, haremos un recorrido histórico y lingüístico por algunas expresiones formales o de cortesía que, con el tiempo, han adoptado formas más próximas al habla común. Desde vuestra merced hasta usted, del vos reverencial al vos rioplatense, la evolución del lenguaje formal en el español revela mucho sobre los cambios culturales, sociales y políticos de los últimos siglos. 

No obstante, es preciso añadir que estas transformaciones no se han producido de forma homogénea: el español, como lengua hablada en un amplio mosaico territorial, muestra una notable diversidad geográfica en el uso y evolución de sus formas de tratamiento, sobre todo si comparamos las variedades dialectales del español peninsular con las del español de América.  

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El respeto y la cortesía como principios estructuradores del lenguaje 

Durante buena parte de la historia del español —particularmente en el período comprendido entre los siglos XVI y XVIII—, el uso del lenguaje estaba marcado por el principio de la jerarquía. Las relaciones sociales del Antiguo Régimen, fuertemente estratificadas, requerían de fórmulas lingüísticas que reflejaran el estatus de los interlocutores. El habla no era simplemente un medio de comunicación, sino también un instrumento de reconocimiento de la autoridad, el linaje o la posición social.  

Así, expresiones como vuestra merced, su señoría o vuestra excelencia no solo cumplían una función comunicativa, sino también simbólica. Decir vuestra merced era afirmar la distancia social y el respeto debido a una persona de rango superior. 

 

Ejemplo de caso: vuestra merced 

Uno de los ejemplos más reveladores de esta evolución es la expresión vuestra merced. Su uso era común para dirigirse a una persona de mayor estatus social o simplemente a alguien a quien se debía respeto, como un superior jerárquico, un noble o un miembro del clero. Sin embargo, el paso del tiempo transformó esta fórmula de deferencia en una contracción progresiva  (vuesa merced, vuarced, vusted) que dio lugar a la forma usted.  

Esta transformación fonética fue acompañada por un cambio funcional: lo que antes era una forma reverencial se convirtió en una fórmula neutra de tratamiento en contextos formales o desconocidos. Hoy, usted es la manera estándar de dirigirse a personas con las que no se tiene confianza, pero ya no implica una deferencia aristocrática. 

La expresión vuestra merced, aunque ha caído en desuso en la mayoría de los contextos cotidianos del español moderno, aún se conserva —o sobrevive— en ciertos contextos específicos, en el lenguaje ceremonial o eclesiástico o en la recreación literaria de obras que pretenden reflejar el español de antaño. Asimismo, se han documentado casos en zonas rurales de países como Colombia, Ecuador o Guatemala donde la expresión o alguna forma derivada aún puede escucharse entre personas mayores, mezclada con otras formas como sumercé. A este respecto, Colombia representa un caso particular, pues en la región andina (Cundinamarca, Boyacá), aún es frecuente escuchar el uso de sumercé como una forma de cortesía o de respeto, especialmente en ámbitos rurales o familiares. 

 

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Del vos reverencial al voseo 

Otro caso interesante es el del pronombre vos, que en su origen también tenía un valor reverencial. En el Medioevo, vos se usaba para dirigirse a personas de alto rango, mientras que era reservado para iguales o inferiores. Sin embargo, con el tiempo y en distintas regiones del mundo hispano, vos experimentó destinos divergentes. 

En España, vos fue desplazado progresivamente por usted en contextos formales y por en contextos informales. No obstante, en varios países de Hispanoamérica —como Argentina, Uruguay, Paraguay, partes de Bolivia, y ciertas zonas de Centroamérica— vos se consolidó como la forma coloquial de tratamiento. 

Este fenómeno, conocido como voseo, representa una suerte de inversión de roles: lo que fue una forma elevada se convirtió en un rasgo de cercanía, confianza e identidad regional. El voseo no solo es gramaticalmente distinto (conjuga los verbos de forma particular: vos tenés, vos querés), sino que se ha convertido en un símbolo cultural de pertenencia. 

 

Fórmulas de cortesía en decadencia 

Otras expresiones de respeto han seguido caminos similares. Expresiones como su señoría, vuestra alteza, mi amo o mi señora se han retirado casi por completo del habla común, subsistiendo solo en contextos legales, históricos o teatrales. Su desplazamiento refleja el debilitamiento de las estructuras jerárquicas rígidas que las hacían necesarias. 

Incluso algunas expresiones que persisten han cambiado de tono: decir su majestad, su excelencia o su eminencia, fuera de contextos institucionales o religiosos, puede ser interpretado como sarcasmo o exageración. 

Frases como aquí su seguro servidor, su excelencia ha hablado, o como diga su merced pueden aparecer en conversaciones cotidianas con un evidente tono jocoso. Lejos de su uso original, estas fórmulas han sido resignificadas para expresar lo contrario: la falta de seriedad o la crítica velada a los formalismos innecesarios. 

Esta ironía es una muestra más de cómo la lengua evoluciona en función de los valores sociales: lo que antes era signo de respeto ahora puede ser percibido como pomposidad o hipocresía. 

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Vestigios del lenguaje de cortesía en el contexto institucional. El caso de España 

En el contexto institucional, especialmente dentro de la monarquía parlamentaria española y en actos oficiales de Estado, perviven fórmulas de cortesía tradicionales que reflejan siglos de protocolo y jerarquía. Expresiones como Su Majestad (para referirse al rey o la reina), Su Alteza Real (para príncipes o infantas), Su Excelencia (utilizado para altas autoridades del Estado, como embajadores o jefes de gobierno) o Su Señoría (para referirse a los diputados en el Congreso) siguen empleándose tanto en el lenguaje hablado como en la documentación protocolaria. Estos tratamientos son parte integral del ceremonial institucional y reflejan no solo el respeto a la figura que encarnan, sino también la continuidad de una tradición lingüística que ha sabido adaptarse al tiempo sin perder su solemnidad. 

 

La evolución del lenguaje formal en el español no implica una pérdida de respeto, sino un cambio en la forma en que se manifiesta. Si antes el respeto se expresaba a través de estructuras lingüísticas rígidas y jerárquicas, hoy se canaliza a través de la empatía, la adecuación al contexto y la claridad comunicativa. 

Las antiguas fórmulas, aunque desplazadas o transformadas, siguen teniendo un valor histórico y cultural. Estudiarlas no solo nos permite comprender mejor nuestra lengua, sino también reflexionar sobre cómo han cambiado nuestras formas de convivir, de dirigirnos a los otros y de construir comunidad a través de las palabras. 

 

Carlos Sánchez Luis 

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