Jovellanos y la lengua asturiana 

La historia de la lengua asturiana —conocida popularmente como bable— está íntimamente ligada a la identidad cultural del Principado de Asturias. A lo largo de los siglos, esta lengua ha resistido presiones políticas, sociales y culturales, manteniéndose viva gracias a la labor de intelectuales, poetas y pensadores comprometidos con su defensa. Entre ellos, destaca la figura de Gaspar Melchor de Jovellanos (1744–1811), uno de los más grandes ilustrados españoles y un ferviente defensor del patrimonio cultural asturiano. 

Gaspar Melchor de Jovellanos: pequeño apunte biográfico 

Gaspar Melchor de Jovellanos nació en Gijón el 5 de enero de 1744, en el seno de una familia nobiliaria. Su formación fue profundamente humanista: estudió Filosofía y Derecho en Oviedo, Ávila y Alcalá de Henares. Desde joven, mostró un destacado interés por la reforma social y educativa, que más adelante se traduciría en una obra intelectual y política de gran calado.   

Comenzó su carrera política en tiempos de Carlos III, si bien fue llamado a Madrid en 1797, bajo el reinado de su hijo y sucesor, Carlos IV. Su ascenso político se vio favorecido por el favorito del monarca, Manuel Godoy, quien promovió su nombramiento como ministro de Gracia y Justicia, uno de los cargos más importantes del gobierno del Estado.  Sin embargo, sus ideas reformistas lo llevaron al enfrentamiento con los sectores conservadores de la corte, lo que culminó en su encarcelamiento en el castillo de Bellver, en Mallorca, donde permaneció varios años. A pesar de ello, Jovellanos nunca abandonó su compromiso con el progreso, el conocimiento y la cultura. 

Tras su liberación, con la invasión napoleónica, Jovellanos volvió a su Gijón natal, donde se dedicó intensamente a actividades de carácter ilustrado: fundó instituciones educativas, impulsó mejoras económicas y promovió la cultura asturiana, incluyendo su lengua vernácula, el asturiano. 

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Jovellanos en el contexto de la Ilustración 

Como buen ilustrado, Jovellanos creía que el conocimiento y la educación eran la base para el progreso de la sociedad. Escribió sobre economía, política, derecho y agricultura, pero también sobre historia y cultura regional. Su pensamiento estaba influido por la Ilustración europea, pero lo adaptó a la realidad española y, más concretamente, a la asturiana.  

Jovellanos reconoció el valor del asturiano como parte fundamental del patrimonio cultural del Principado, pues no solo lo consideraba un vehículo de comunicación, sino un símbolo de historia y pertenencia. 

Jovellanos y la lengua asturiana

En el siglo XVIII, el asturiano era una lengua hablada por la mayoría de la población rural de la región, pero estaba totalmente ausente de los ámbitos oficiales, académicos y literarios. El asturiano era visto como un dialecto sin prestigio, asociado a las clases populares, mientras que el castellano dominaba en la administración y la cultura escrita.  

Jovellanos no fue un escritor en lengua asturiana en sentido estricto, pero sí defendió su uso y su valor cultural. En sus escritos privados y correspondencia, mostró un aprecio notable por el asturiano, reconociendo su riqueza lingüística y su potencial como vehículo literario. Valoraba profundamente la oralidad asturiana, los cantares populares, los refranes y la tradición oral. 

Uno de los ejemplos más claros de su compromiso con la lengua asturiana fue su interés en la recopilación del léxico asturiano. Se sabe que impulsó y apoyó la elaboración de un Diccionario de bable, obra que no llegó a completarse en su tiempo, pero que muestra su interés por preservar la lengua frente al olvido. 

Además, Jovellanos alentó a otros estudiosos a prestar atención al asturiano, abriendo camino a las investigaciones lingüísticas de los siglos posteriores. Su trabajo sirvió como base para futuras normativas y estudios filológicos que han contribuido a la revitalización de la lengua. 

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La Carta interrumpida sobre el dialecto asturiano (1791) 

Se trata de un ensayo inconcluso (de ahí “interrumpida”) en el que Jovellanos analiza el estado del dialecto asturiano en su época. No es un tratado lingüístico técnico, sino una meditación culta y personal sobre la lengua, su valor, su origen, su evolución y su uso, con una perspectiva tanto filológica como político-cultural. Se considera, por tanto, como un precedente fundamental del estudio filológico del asturiano.  

En esta obra, Jovellanos explica los motivos que le llevaron a adentrarse en el estudio de la lengua asturiana:  

“Cuando emprendí mi viaje a este país creía yo que el dialecto que habla su pueblo sería uno de los primeros objetos de mis observaciones. Habíalo oído hablar de continuo y aún lo entendía y hablaba yo perfectamente en mi niñez, pero ni entonces podía moverme a observar su índole, ni era capaz de subir a sus orígenes. El estudio de las Humanidades me hizo advertir después cuán necesario era para el conocimiento de la lengua el examen analítico de su sintaxis y más particularmente la indagación de los orígenes de sus palabras, y esta convicción, junta al tal cual progreso adquirido por virtud de ella en mis observaciones acerca de la lengua castellana, me condujeron naturalmente a meditar sobre el origen de mi dialecto natural. Entonces conocí que conservándose solamente en la tradición y el uso, y careciendo enteramente de monumentos no sólo impresos, más aun escritos, era imposible adelantar cosa alguna no viniendo acá a suplir con la voz viva la falta de tan necesarios auxilios”.   

En la misma carta, define lingüísticamente al asturiano: 

“Digo también, para entrar cuanto antes en materia, que el dialecto asturiano es hijo legítimo de la sola lengua latina, no porque no tenga absolutamente voz que no derive de ella, sino porque la mayor parte de sus voces tienen allí su raíz y porque su índole y carácter se conforma enteramente con los de esta lengua matriz”. 

El legado lingüístico y cultural de Jovellanos 

A pesar de que no escribió obras literarias en asturiano, Jovellanos sentó las bases ideológicas y filosóficas para el reconocimiento de esta lengua como un bien cultural digno de protección. Fue uno de los primeros en poner en valor la lengua asturiana desde una perspectiva ilustrada, alejándose del desprecio habitual que sufrían las lenguas vernáculas.  

En tiempos donde el asturiano sigue buscando su lugar pleno en el ámbito institucional y educativo, el ejemplo de Jovellanos sigue siendo una inspiración. Su pensamiento nos recuerda que la lengua no es solo un medio de comunicación, sino también una forma de ver, sentir y estar el mundo. 

 

Carlos Sánchez Luis 

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